Hoy os quería explicar una experiéncia que viví hace unos años y se debería vivir al menos una vez en la vida, hacer un intercambio a otro país.
Todo empezó cuando hacia 6º de primaria y al ver que mi hermano hizo un intercambio en 4º de la ESO, decidí estudiar alemán como primer idioma extranjero al empezar la ESO.
En 3º empezamos a redactar la carta presentándonos, dónde vivíamos, hobbies, qué nos gustaba y qué no, etc., para poder hacer las parejas de intercambio. Semanas después, las profesoras nos dieron las cartas de nuestra pareja. Cuál fue mi sorpresa, cuando supe que Julia, la chica que me había tocado, vivía en una granja, la cual cosa, estaría llena de insectos y les tengo fobia, a Böbbingen, a 2 km de Heubach y, según decía la carta, tenía 1500 cerdos, 20 gatos y 5 perros. Fue entonces cuando me creé una cuenta de Facebook para mantener contacto con ella y con el resto de alemanes, ya que así cuando vinieran, conocernos un poco.
En octubre del curso siguiente, vinieron los alemanes durante dos semanas. Mientras ellos visitaban Barcelona, Tarragona romana entre otros, los españoles hacíamos clase normal, y después por la tarde íbamos a buscarlos en el instituto.
El primer día, lo primero que hice junto con mi alemana fue ir al supermercado a comprar algo que le gustara y no tuviéramos en casa. Hubo un día en que vinieron a nuestra aula de oyentes para que vieran como eran nuestras clases. Un viernes fuimos a cenar al Wok, un restaurante que hay cerca de mi casa, para después llevarlos a ver un ensayo de castillos humanos de la Colla Jove Xiquets de Tarragona, donde quedaron sorprendidos al ver tal espectáculo. Estaban todos con la cámara de fotos, ya que en Alemania no tienen esta tradición. Salimos algunas noches y menos mal que en una de ellas, el pub estaba vacío, lo ocupábamos casi todo nosotros, éramos unas cuarenta personas en total.
Cuando llegó la hora de la despedida, creo que nos levantamos a las 06:00 ya que cogían el bus una hora más tarde en el instituto. Hubo muchos lloros, ya que fueron dos semanas estando casi todo el día conviviendo juntos, pero por suerte, a los cinco meses nos reencontramos, era la hora en que los españoles íbamos dos semanas a Alemania.
En marzo del año siguiente, fuimos a Heubach en autobús, que en total el viaje duró 25 horas aproximadamente, sin dormir, parando cada dos por tres, incómodos. En las áreas de servicio de Francia, o consumías algo o no te dejaban sentarte ni en las mesas de picnic que había fuera el establecimiento.
El primer lugar que visitamos al llegar a Alemania fue Gengenbach, un pueblo que enamora. También fuimos a Heidelberg, Nürnberg, Ulm, ciudad donde nació Albert Einstein, Stuttgart, el castillo de Neuschwanstein, Rothenburg ob der Tauber, entre otros sitios.
Los días se resumían en: ir en coche hasta el pueblo, coger el autobús para ir a su instituto, después a otro autobús para ir de excursión. Luego nos venían a buscar en el instituto, cenar en casa y prepararnos para ir de fiesta. Un sábado, los padres de Julia me propusieron ir a misa, pero al final no fuimos porque estábamos muy cansadas de la noche anterior y de todo el día en general era un no prar. A la hora de comer, bendecían la mesa antes de empezar a comer.
Esta vez, la despedida fue más emotiva ya que no nos veríamos más hasta ve a saber cuándo.
Me encantó vivir esta experiencia y la volvería a repetir sin duda.
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